De París, Pitingo y más

Os he tenido un poco abandonadas en el blog, lo confieso, porque estas fechas no paro. Tenemos en ELLE números muy importantes a la vista con proyectos que exigen toda nuestra dedicación. Además, he estado de viaje, en París, en la presentación de una nueva línea de tratamiento de Chanel. Se llama Ultra Correction Line Repair –está compuesta por cinco productos faciales–, se lanzará en febrero del próximo año y ha supuesto 10 años de investigación en los laboratorios de la firma, en colaboración con prestigiosas universiadades, como la de Harvard.Tenemos que esperar un poco todavía para hacernos con este nuevo lanzamiento contra las arrugas, que yo tampoco he probado todavía, pero que estoy deseando después de lo que he visto y escuchado (nos presentaron unos tests de eficacia apabullantes). Las periodistas siempre pensamos lo mismo: no nos ofrecerían estos datos si no fueran tan maravillosos, pero los responsables de las marcas responden que cuando no son buenos, no se lanza el producto, sino que vuelve a laboratorio y se reformula. En esta ocasión, los resultados tienen avales científicos muy importantes. ¡Habrá que confiar!
La presentación a la prensa –fuimos periodistas de 25 países del mundo– fue en uno de los museos con mejores vistas de la ciudad, el Musee de L’Homme, en la plaza del Trocadero, desde donde se divisa la Torre Eiffel en todo su esplendor. De hecho, sus alrededores están llenos de turistas haciéndose fotos con el emblema de Paris al fondo. Estos días la Torre está «vestida» de Unión Europea, iluminada en azul con las estrellas amarillas, porque este semestre Francia tiene la presidencia del Consejo Europeo.
Bueno, pues siguiendo con la puesta en escena del acto, Chanel decoró toda una planta del museo con su estética glamurosa (todo en blanco y negro, muebles, moqueta, vasos, copas, sillas, paredes…). Entre grandes ventanales al Sena, en ese enorme espacio se ubicaron los «talleres» temáticos en los que los investigadores nos fueron desvelando las claves del tratamiento. Lo más sorprendente fue el «atelier» de confitería donde el chef pâtissier Christophe Felder nos demostró en vivo y en directo cómo se trabajan las distintas texturas del azúcar según la temperatura a la que se someta. Las fibras se quedan completamente rígidas cuando el azúcar se enfría. Y esto viene a cuento porque el ingrediente estrella de la línea es una molécula que impide el azúcar depositado en la piel enduree fibras de colágeno de la dermis (ese proceso se denomina glicación) y por ende se marquen las arrugas.
Para finalizar el taller, nos zampamos una ensalada de crema catalana con hojas verdes. ¿rara, verdad?, pues estaba exquisita. ¿Y si tomamos poco azúcar nos arrugaremos menos? Pues no exactamente, el proceso biológico es mucho más complejo que eso, desgraciadamente.
Bueno, pues entre viaje y viaje, también he tenido tiempo para ir al Soulería, el show de Pitingo… que me chifló. Estuve sentada en el Teatro Calderón al lado de Blanca Martínez de Irujo y me contagió su entusiasmo con sus continuos olés y sus palmas, a mí que soy un auténtico pato en la materia (aunque en honor a la verdad tengo que confesar que tampoco hacía falta que me animara mucho porque desde el escenario ya se valían solos para hacerlo). Acabamos todos bailando y cantando por los pasillos del teatro «Killing me softly with his song», «Cuéntame», etc. Si todavía no habéis tenido ocasión de ver en directo a este artista, os lo recomiendo. Hay 15 músicos sobre el escenario y todos son de quitarse el sombrero. Yo ya tengo el disco y continúo la juerga en casa, para estupor de mi familia, que nunca me había visto tan flamenca.
Y no quiero terminar sin hablaros de mis últimos productos fetiche. Ya no me queda ni rastro de bronceado del verano (y eso que lo he prolongado bastante tiempo), así que he empezado a utilizar mi batería en reserva: un iluminador que hace milagros, se llama «That Gal» de Benefit y se aplica bajo el fondo de maquillaje. Es divertido de aplicar porque parece una barra de pegamento y te da buena cara al instante. Son de esos productos que no se notan pero que cuando los utilizas lo notas.
También estoy tomándome en serio el tema de las ojeras con «Eyliplex-2», un contorno de ojos de envase doble (parece un gran estuche de lentillas) con una textura para la mañana y otra más densa para la noche, ambas muy fresquitas. Me observo cada día en el espejo de aumento y creo francamente que la cosa va mejorando. Llegó a Sephora avalado por una gran reputación y no me ha defraudado.
Después de varias semanas utilizándolo ya me he hecho fiel al colorete «Orgasm» (de un rosa híperfavorecedor) y a la barra de labios «Dolce Vita» (de un tono natural y textura muy suave) de Nars.
Como seguro que sabéis la marca ha llegado definitivamente a España este otoño de la mano de la multinacional japonesa Shiseido (aunque es cierto que hace algunos años ya se vendían algunos productos), pero ya podremos disfrutar de continuo de todas sus referencias de culto, muchas de ellas favoritas de las celebrities que las mencionan continuamente cuando hablan de su neceser imprescindible.
Francois Nars, un maquillador francés que fundó su propia compañía, comentó en la presentación de su marca en Madrid, en el Restaurante Ramsés de la Puerta de Alcalá, que fue el primero en atreverse en decirle a Madonna hace ya bastantes años que se depilara esas espesísimas cejas que llevaba.
Se lo soltó en un desfile y la diva no sólo no le mandó a hacer gárgaras ¡sino que se puso en sus manos! Fue el primero de una serie de cambios de look que construyeron entre ambos. Y todos muy significativos.
Y por último, para el pelo, sobre todo si estoy estresada, estoy echando mano del nuevo lanzamiento de Kérastase, Biotic, un probiótico (o sea, como el Actimel), que calma el cuero cabelludo. Ya sabéis, esos pequeños picores fruto del nerviosismo…
Estos días hemos estado a tope en la redacción cerrando el número de noviembre que como ya sabréis incluye, además, el extra de Belleza. Todas sus páginas llevan un mismo epígrafe: «pro-edad» porque en ELLE no nos gusta la palabra antiedad, que supone una incorrecta traducción de «antiaging» (antienvejecimiento). Y no es lo mismo.